Bueno como ya sabéis, tengo un padre que además de gustarle los nombres cursis para los blogs tiene anécdotas bastante graciosas.
El caso es que a mi padre le dolía mucho el brazo, la pierna o la espalda no me acuerdo exactamente, y como a mí unos meses antes me habían mandado relajantes musculares para la espalda decidió probar a ver si le hacían efecto.
Empezó a tomarlos, pero como para mi padre lo mismo da cuatro que seis, se empezó a pasar con las dosis e iba por mi casa como si estuviera drogado, cosa que nos hacía mucha gracia a todos. Pero esto no es todo a lo que llegó, sino que al día siguiente nos divirtió poniéndose un traje a la hora del té que en mi casa es a las cinco, lo que nos hizo pensar que tenía algún recado que hacer, pero no, se paso toda la tarde en el sillón con el traje puesto, y lo que mas nos sorprendió es que después de cenar por primera vez en su vida se sirvió un whisky detrás de otro, y para que sepáis hasta que punto es importante ese detalle tenéis que saber que era la primera vez que yo veía beber a mi padre, y eso ya se dice mucho...
Unos días después tuvimos que ir al médico y mi padre conducía como un zombi, buscábamos un sitio para aparcar y mi hermana y yo le decíamos
-¡ Papá un sitio!
Pero mi padre ni se enteraba de lo que le decíamos y como cinco minutos después nos decía...
- ¿Dónde?
Al salir del coche mi pobre padre iba andando dos metros por detrás de nosotras como si estuviese grogui e iba tropezándose con cada cosa que se ponía en su camino.
Días después las pastillas se acabaron, y aunque mi padre nos suplicó uno a uno que le comprásemos las más, ya que a él le daba vergüenza, ninguno de la familia accedimos así que en poco tiempo la amistad de mi padre con los relajantes musculares acabó y así volvió a ser el padre de siempre, un padre normal...

